1. La Anunciación (Valtorta)
Hay un gran silencio en la casita y en el huerto. Y mucha paz, tanto en la cara de María como en el espacio que la rodea. Paz y orden. Todo está limpio y ordenado…
Hay un gran silencio en la casita y en el huerto. Y mucha paz, tanto en la cara de María como en el espacio que la rodea. Paz y orden. Todo está limpio y ordenado…
María está entrando en el pueblo. Atardece. Algunas mujeres, en las puertas de las casas, observan la llegada de la forastera y murmuran entre sí. La siguen con la mirada y no se quedan tranquilas…
Vuelven al camino. Salvan una prominencia del terreno desde la que se ve una depresión más vasta limitada por delicadas pendientes. En la cuenca y arriba y abajo por las laderas hay casas y más casas: es Belén.
El fueguecillo se adormila junto con su guardián. María levanta lentamente la cabeza de su lecho y mira. Ve que José tiene la cabeza reclinada sobre el pecho como si estuviera meditando…
Veo que de una casita modestísima sale una pareja de personas. Por una escalerita externa baja una jovencísima madre con un niño en brazos envuelto en un lienzo blanco. Reconozco a esta Mamá nuestra.
Ahora es de día. Un hermoso sol resplandece en el cielo de la tarde […]. Salen los tres Sabios, cada uno seguido de su propio paje. Atraviesan la plaza. Los escasos transeúntes se vuelven a mirar a estos pomposos personajes…
¿Cómo es posible que María aceptase, abrazase, la cruz de su Hijo? Supongamos que Jesús fuese una invención como Hijo de Dios y, por tanto, toda la doctrina derivada de ello, empezando por la inmaculada concepción de la Virgen María.
Entran las mujeres con lámparas y ánforas y recipientes de anchas bocas. María de Alfeo trae un mortero grande y recio. Encima de una mesa colocan todas sus cosas. Luego dan un último toque a sus bálsamos. Han terminado. Todos los recipientes están llenos.
El camino prosigue. Dobla la ladera del monte. Aquí está María con Juan. Yo diría que Juan la ha llevado a ese lugar de sombra para procurarle un poco de alivio.
El cielo se pone cada vez más tenebroso. Ahora difícil es que las nubes se abran para dejar pasar el sol. La luz, antes de una desmesurada intensidad, se va haciendo verdosa.
