Todos, en su pequeño grupo de amigos, se pliegan sobre sí mismos de dos maneras; no hacen nada voluntariamente para agrandar el grupo y, dentro del grupo, no avanzan voluntariamente en la amistad ya adquirida. Así, con lo que se es y lo que se tiene, garantizamos nuestra propia seguridad. El místico, el peregrino, el pionero de la vida divina, debe ir más al fondo para encontrar a Dios en todos y en todo. Replegarse en uno mismo es seguir el rastro de una inclinación diabólica; en la dirección opuesta se encuentra la transparencia trinitaria de la plenitud de la vida de amor.
Van Broeckhoven, Egied. La amistad: Diario de un jesuita en la fábrica (1958-1967), Ediciones Encuentro.
Egied no se guardó nada. Estas palabras dan cuenta de una máxima sagrada para él. No se trata de un esfuerzo activista. Era sacerdote y monje, trabajador y contemplativo. Amistad y burguesía se repelen. Debemos ir más al fondo. ¿En qué amistades se da una auténtica trasparencia? ¿Qué amistades nos arrancan de nuestras pequeñas seguridades?


1. La Anunciación (Valtorta)
2. Visitación de Nuestra Señora (Valtorta)
3. La llegada a Belén (Valtorta)
4. Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo (Valtorta)
5. El anuncio a los pastores (Valtorta)
6. Presentación en el templo (Valtorta)
7. Adoración de los magos (Valtorta)
Razones para la fe
El gozo que grita ¡Ven!